lunes, 9 de noviembre de 2015
POESÍA "EL GRUPO"
lunes, 20 de enero de 2014
PENSAR EN LO QUE SOY
sábado, 26 de octubre de 2013
¿IGUALDAD?
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lunes, 21 de octubre de 2013
SACERDOTE DE CRISTO
miércoles, 3 de abril de 2013
En la resurrección de Cristo...
Autor: Víctor Corcoba Herrera
En la resurrección de Cristo
hemos resucitado todos,
los pequeños y los grandes,
los blancos y los negros,
los últimos y los primeros,
porque el Señor es Señor
de todas las almas
que por el mundo caminan.
Y todos hemos de estar gozosos,
alegres como un jardín de nardos
que acompañan la proclama
de ¡Aleluyas! ¡Aleluya de asombros
que nos siembran voces
de auroras eternas sin ocasos!.
Atrás queda el ocaso del sepulcro,
en su nombre el ser humano
es rescatado del calvario,
y devuelto a la Vida,
y al Amor de la Esperanza.
Bajo el sideral cielo,
brindemos la voz del verso:
Esperanza para todos los pueblos,
y para todas las razas esperanza,
y esperanza para un mundo nuevo,
un mundo nuevo y níveo,
salvado de odios, salvado por amor.
Abierta la puerta de la Salvación,
y cerrada la puerta del dolor,
nos baña el horizonte de la paz,
con su pacífica lluvia de soles
y con su cristalina lluvia de lunas.
viernes, 22 de febrero de 2013
miércoles, 16 de enero de 2013
José Antonio Matías, ofm
Falleció en Granada, 11 de enero de 2013
sábado, 18 de junio de 2011
Víctor Corcoba Herrero
El hombre no es más que un verso
para engrandecer al mundo.
El aire no es más que un mar
para ensanchar el silencio.
El agua no es más que un aliento
para rehacerse por dentro.
La vida no es más que un horizonte
para hacer el camino.
El planeta no es más que un poema
para soñar sus instantes.
El Creador no es más que una voz
para despertar el amor.
Aconsejo, pues, prestar oído a la palabra,
beber de los poemas que el alma divisa,
gustar de la belleza que a Dios mece,
para poder sentir la inspiración del poeta.
sábado, 21 de mayo de 2011
Víctor Corcoba Herrero
Uno escribe para alimentar el tiempo.
Uno sueña para alentar la vida.
Uno ama para sentir el fuego del alma.
Uno es lo que es para sentirse vivo.
Uno es uno y también sus sentimientos.
Cada uno es una voz del universo.
Cada uno es una palabra del mundo.
Cada uno es una señal de belleza.
Cada uno es una verdad del creador.
Cada uno es cada uno y sus búsquedas.
Sentimientos y búsquedas en cada uno.
Cada uno en su hábitat y Dios en todos.
No hay vida que no venga de la luz.
La luz es uno y el cielo que la refleja.
No apartemos la luz de ningún camino.
Que vean los ojos del alma al autor de la vida.
Uno es la vida pero al vida es de Dios.
Uno es el amor pero el amor es del que ama.
Uno es el verso pero la poesía es de todos.
La unidad es uno y cada uno es único.
Único como único es el beso que nos damos.
Que se besen, pues, los unos y los otros.
Detener las miradas que cortan el aire.
Liberar al hombre del hombre vacío.
A falta de corazón, nadie respeta a nadie.
Nadie es uno cuando nada le conmueve.
Todo lo que se endurece, deja de ser uno.
Uno es lo que es el corazón que escribe.
martes, 9 de noviembre de 2010
Me gusta estar en la poesía.
Porque la poesía es siempre amor.
Me gusta vivir en la poesía.
Porque la poesía es siempre luz.
Me gusta ser de la poesía, el verso.
Porque el verso es el rostro de la pureza.
Sólo un corazón puro sabe de vida,
atiende a embellecer su tiempo
y entiende la belleza como parte de sí.
Déjese escuchar por el silencio
y gústese de contemplar las manos celestes.
Sentirá que es el propio verso y habrá vivido.
Víctor Corcoba Herrero
domingo, 31 de octubre de 2010
La vida se peina con la belleza del amor.
El amor es el fruto de la belleza
y la recreación de la mirada.
Nos gana por siempre el corazón y para siempre.
No hay más verdad que la belleza embellecida de Dios.
¿Por qué eclipsar al creador de la belleza?
Observar el paraíso de acordes, entusiasma a las piedras.
Lo bello nos sublima y engrandece.
Desgraciado el ser humano que deshumaniza la belleza.
Porque la belleza es muy superior a la vida, es la luz.
Y la luz es el verso que da razón al camino.
Caminantes, sólo la belleza tiene la alegría de la eternidad.
Únicamente se alcanza si Dios es llamado, si Dios está presente.
Víctor Corcoba Herrero
viernes, 2 de julio de 2010
Víctor Corcoba Herrero
Somos hijos del amor en los labios de la vida.
Y en la vida somos el verso que mueve los días.
Y en los días somos nosotros mismos
quienes tomamos la calle del amor como camino
o la calle del odio como pasaje a la maldad.
En la calle del amor, el amor es una chispa del alma.
En la calle del amor, amar proviene de amarse.
En la calle del amor, tanto el amor como el amar,
es una experiencia de lenguajes vividos y donados.
Calle del amor ven a nosotros, no tardes más,
déjanos alcanzar tus mieles y explorarlas,
sentir el amor vertido en los demás e invertido en nosotros.
Porque sólo el amor crece del amor y a Dios nos asciende,
hágase la globalización de vivir unidos por la calle del amor,
y lo mío vuelva a ser de todos y de todos vuelva a ser lo mío,
antes de que las arterias del infierno tomen el planeta.
En la venganza nada se aprecia, la calle del amor se desprecia
y el precio del amor es: tanto me das, tanto de doy.
Vuelva, pues, la calle del amor a ser la gran avenida del hombre.
domingo, 30 de mayo de 2010
Víctor Corcoba Herrero
Nada es más humano
que la búsqueda del ser
y la exploración de lo que somos.
No hay camino sin búsqueda,
ni búsqueda sin caminante,
ni caminante sin preguntas,
sabed que sólo el que pregunta halla.
En cada uno de nosotros
está la respuesta,
y en nosotros es donde se encuentra
la eternidad del tiempo.
Cuando el corazón, el alma y la mente,
meditan al unísono,
brota la verdad y uno crece en la verdad.
Si no vamos a la morada interior,
seremos piedras en un mundo de barro.
El amor no es lo importante,
sino la búsqueda del amor y la forma de amar.
Dejemos, pues, que el alma nos guíe,
pongamos oído a las respuestas de Dios,
para salir del mundo caído, del hombre alicaído.
Sólo la luz del Creador quita las sombras de la vida.
miércoles, 28 de abril de 2010
Reflexión de un interno del Centro Penitenciario de Albolote
Pedí que me diera salud
para hacer cosas grandes,
pero me volví enfermizo
para poder hacer cosas mejores.
Pedí que me diera riquezas
para ser feliz,
pero llegué a ser pobre
para alcanzar sabiduría.
Pedí que me diera poder
para que me elogiara la gente,
pero recibí debilidad
para que me diera cuenta
de cuánto necesito a Dios.
Pedí todas las cosas
que traerían felicidad a mi vida,
pero recibí vida
para poder tener felicidad
en todas las cosas.
No recibí nada de lo que pedí,
pero si todo lo que deseaba.
A pesar de que casi me desesperé en mi mismo,
mis oraciones no pronunciadas recibieron respuesta.
Entre todos los hombres,
soy el más bendecido.
sábado, 20 de marzo de 2010
Víctor Corcoba Herrero
Sólo se halla la estética en la conciencia del verso.
El verso es la ética de la palabra y el universo de la acción.
Hay que volver al poema y hacer valer la voz del poeta.
El poeta que lo es cultiva el amor y el amor lo cautiva a él.
Cada cultura reconoce sus amores y conoce sus sueños.
Ama hasta que vibres, sueña hasta conquistar el mundo.
Un poema no se lee, se vive y se convida con el silencio.
Sólo con el silencio se siente la caricia de Dios.
Nos deja recitar a nosotros la presencia de su verso.
Verso que está presente en todas partes, cobijémosle,
dejarlo ausente es el peor castigo para el ser humano.
Porque la poesía es el único abrazo en estado puro,
el camino de la libertad que abre la puerta del alma,
la luz que nos permite ver y reencontrarnos en el verso,
hagámosla que habite en nuestro espacio existencial,
lo que ya cohabita en el planeta que siempre soñamos.
Todo tiene su belleza, pero no todos saben respetarla.
Por ello, es tan justo como preciso creer y crear poesía
antes de que un mundo bárbaro nos confunda,
se apropie y nos expropie el corazón como si fuera suyo,
¡nos trague la poesía que somos y nos arroje a no ser!.
Sólo la belleza es nuestro estado de vida, ¡vivámoslo así!
y únicamente lo hermoso vale la pena vivirlo.
viernes, 19 de febrero de 2010
Víctor Corcoba Herrero
Después de bucear por el silencio,
bañado de cadencias y acordes,
recogido por entre las sábanas siderales,
pido quietud y en la quietud vivir,
antes que morar esclavo de los verbos.
Pasar en silencio, sin romper la vida.
Reducir al silencio la vida y vivirla.
Entrar en el silencio de Dios.
Silencio para contemplar.
Silencio, que sólo hable el corazón.
La humildad es silencio.
La verdad es silencio.
Lo más grande es silencio.
El silencio con el silencio es pura poesía.
El mundo lo será
cuando se injerte el sosiego
como derecho y deber del alma
en el diario de existencias humanas.
Sólo el silencio escribe mensajes de amor.
Sólo el silencio extiende la armonía.
Sólo el silencio sabe de Dios,
¡buscarle en el silencio!,
Él es la única Palabra que da PAZ.
sábado, 5 de diciembre de 2009
El hambre sigue matando al hombre.
De corazón a corazón tampoco hay enseñanza.
Cómo enseñar sin enseñar con el ejemplo.
Aún los dominadores mandan sobre el débil.
Hombres y mujeres en batalla de género.
Niños que se mueren sin saber lo que es amor.
Esta es la señal de la cruz, ¡cuántos crucificados!
La humanidad está crecida de sufrimientos.
Quema amaneceres como puede quemar afectos.
Unos contra los otros y los otros contra los unos.
Los abrazos dan paso al estirón de rechazos.
Nadie conoce a nadie que no sea poder.
A Dios también se le niega con la cruz a cuestas.
Este es el símbolo del olvido, ¡cuánta ingratitud!
Hay sobrepeso de dolores en el peso del mundo,
pero tras el espejo de tantas cruces Dios está ahí,
sólo Él puede secar nuestras lágrimas, ¡es Amor!,
y los que en verdad le buscan , siempre lo hallan.
Víctor Corcoba Herrero
viernes, 6 de junio de 2008
Yo os participo mi última siembra poética. ¿Qué os parece?. Venga espero crítica, constructiva y destructiva...
Quise llenar los pulmones de aire limpio
y salí a bucear por los caminos del hombre,
tomé buena nota y anoté “sálvese quien pueda”.
El riesgo de que a uno le asalte el mal
es de lo más corriente, lo afirmo y reafirmo,
nos hemos acostumbrado tanto a él,
que aunque nos funde nos confunde,
y nada hacemos por plantarle bondad.
El árbol de la vida se nos seca y reseca
y sólo retoña el tallo del mal que nos malea.
Lo bueno cuesta hallarlo entre malvados.
El número de maldades no autoriza el vicio.
Hay que poner luz y acogerse al alma.
Hacer el bien aunque nos hagan el mal.
Nadie se conoce asimismo
hasta que no ha tratado de ser justo consigo.
Envenenados los caminos del hombre,
el género humano degenera en nada.
El todo deja de ser lo que es,
¡la pureza del aire ya no es el soplo de Dios!
Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net



